¿Cómo gestionar la energía y el tiempo para conseguir un futuro educativo diferente?

Personalmente, algo que me ha sorprendido siempre mucho del mundo educativo, especialmente de las escuelas, pero a menudo también de las universidades, es la dificultad de los equipos directivos (entendiendo este concepto de forma amplia) para destinar tiempo y energía del presente para preparar un futuro educativo diferente para los alumnos que vendrán.

Hay varios elementos que me gustaría destacar al respecto. En primer lugar, la tendencia a centrarlo todo en la acción y no reservar tiempo para la reflexión. Normalmente, los tiempos especialmente pensados para parar y reflexionar, leer el entorno y formular miradas hacia el futuro son muy escasos. La acción, y solo la acción constante, para resolver multitud de incidencias cotidianas, nos absorbe.

En segundo lugar, centrados en esta acción absorbente, damos al día a día toda la energía que tenemos… y más. Es decir, le destinamos el 125 o el 150 % de lo que somos y hacemos. Día tras día, año tras año. Seguramente hay momentos en los que pensamos que llegará una semana o un día en los que no tendremos incidencias o acciones por hacer y, entonces, por fin, podremos reflexionar sobre lo que es realmente importante y las cuestiones de fondo… Y ese momento no llega nunca, lo que genera un cansancio y una frustración considerables.

conseguir un futuro educativo diferente

¿Se puede salir de lo cotidiano y pensar en un futuro educativo diferente?

Creo que estos dos hechos de más arriba tienen mucho que ver con el encargo que los equipos directivos han interiorizado, en línea, seguramente, con lo que el sistema educativo les ha pedido: hacer que las cosas funcionen cotidianamente de la mejor manera posible y con las mínimas interrupciones y conflictos posibles. Y, esto, por supuesto, es importante. Pero, con este encargo, hoy, en un mundo en plena transformación y cambio, ya no hay suficiente.

Hay otro encargo tan importante como este: preparar un futuro educativo diferente para las generaciones de alumnos que todavía no se han incorporado a la escuela. O para los que se acaban de incorporar (por ejemplo, con 3 años) y que aún tienen 14 años de educación por delante. De hecho, un niño que se haya incorporado a la escuela con 3 años, saldrá en junio de 2038.

Se trata de dirigir, coordinar e impulsar con ambas manos: con una, aseguramos el día a día; con la otra, reservamos espacios, energía y tiempo para crear un futuro educativo diferente. Esta segunda mano también es nuestra responsabilidad y debe formar parte de nuestro encargo. Y tendremos que desarrollarlo con los recursos de los que disponemos (pidiendo siempre que nos den más) y con el tiempo que gestionamos. No digo que sea fácil, pero conozco a muchas directivas y directivos de la educación que lo hacen y avanzan hacia innovaciones y cambios trascendentales para los niños, niñas y jóvenes actuales y, sobre todo, para los que vendrán en el futuro.

futur educatiu diferent

Mi experiencia desde el punto de vista de Reimagine Education

Esto que explico, además, está presente en todos los países (cerca de 15) de Europa, América y África en los que colaboramos con instituciones educativas para impulsar este y otros cambios. Me atrevería a decir, pues, que es un hecho universal de la educación, que, junto con la gran inercia que también arrastra la organización educativa, dificulta el camino de la transformación y exige una gran dosis de convicción y liderazgo consciente por parte de los equipos directivos.

De hecho, los dos años que pude trabajar profesionalmente en el sector de la salud como gerente de un importante instituto de investigación dentro de uno de los mayores y más avanzados hospitales de Europa, me sorprendió el convencimiento y la práctica de los profesionales de la salud de reservar siempre una parte de su tiempo de hoy para investigar y formarse para poder curar más y mejor a los enfermos de mañana… Si no, me decían, la salud no avanzará. Y me mostraban indicadores de mejora en los cuidados y los resultados que seguían de forma permanente.

Y yo me pregunto: ¿Cómo puede ser que los profesionales de la educación no incorporemos esta mirada y marco mental de buscar un futuro educativo diferente para los alumnos que todavía no conocemos? No será porque la vida en un gran hospital no sea intensa y no falten tiempo y recursos como en la educación.

Y, entonces, ¿por qué será? Espero vuestras reflexiones sobre todas estas cuestiones en los comentarios.

Retos de la educación ante la emergencia climática

El 24 de octubre se celebra el Día Internacional contra el Cambio Climático: es un día para tomar consciencia de este fenómeno que afecta a todo el planeta (aunque de forma desigual), comprender sus causas y consecuencias y, sobre todo, pasar a la acción también desde la educación, ¿cuáles son los retos de la educación ante la emergencia climática?

Por cambio climático entendemos el proceso de cambio de la climatología y la temperatura general de la Tierra como resultado de la acción humana, especialmente por la emisión de gases de efecto invernadero. Estos gases, los generamos principalmente con la quema de combustibles fósiles, el uso del suelo, el uso de la energía y las actividades industriales (incluyendo la agricultura y la ganadería industriales). Más allá de estas causas materiales, existen unos puntales intangibles que sustentan estas prácticas. Algunos pueden ser el sistema capitalista, la visión mecanicista de la naturaleza o la cultura de explotación y dominación de recursos y personas.

Es un fenómeno que, por tanto, además de incluir el ámbito medioambiental y de la salud pública, se extiende también al ámbito social y de los derechos humanos, ya que afecta especialmente a las generaciones futuras e incide de forma más intensa en las regiones del planeta donde hay mayor concentración de pobreza. También se hace más presente en las poblaciones más vulnerables, lo que pone de manifiesto las desigualdades de clase, género, sexualidad, racismo y colonialismo.

Reptes de l’educació davant l’emergència climàtica

¿Qué se está haciendo ante la emergencia climática?

Desde hace décadas, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC) expone la gravedad de las consecuencias del cambio climático tanto para la humanidad como para todos los seres vivos del planeta, e insta a tomar medidas urgentes en los ámbitos gubernamental, empresarial y ciudadano, y también, muy especialmente, en el ámbito educativo.

La educación es, a nuestro entender, un ámbito desde el cual podemos llevar a cabo un trabajo muy importante. Este trabajo relacionado con el cambio climático, lo vemos muy vinculado al proceso de transformación de la educación que planteamos desde este blog y, esta semana, nos parece clave centrarnos en él y hablar sobre él.

Una de las acciones que se plantean a menudo para relacionar el cambio climático y la transformación educativa se basa en la oportunidad que nos brinda el enfoque globalizador de los contenidos educativos. Efectivamente, si en nuestras opciones de contenidos dentro del modelo educativo hemos optado por el enfoque globalizador, encontramos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) una forma diferente de enfocar el problema y trabajarlo con nuestros alumnos. La apuesta por la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad nos ayuda a comprender e interpretar la realidad desde otra perspectiva, y nos prepara para comprometernos de otra forma. Este nos parece ya un camino insoslayable que cualquier proyecto educativo debe asumir y, especialmente, cualquier proyecto educativo de innovación y cambio.

Retos de la educación ante la emergencia climática

¿Cuáles son los retos de la educación ante la emergencia climática?

Seguramente, hay que ir más allá, ya que con la mejora de la eficiencia energética y tecnológica que podemos conseguir en los próximos años no habrá suficiente. Necesitamos un cambio de estilo de vida colectivo que se sustente en una relación diferente con la naturaleza. Tenemos muchas formas de aproximarnos a esta relación diferente con la naturaleza que proponemos, pero un posible camino, todavía poco explorado, lo tenemos en la definición del perfil humano de salida de nuestro alumnado. Podemos plantearnos que, más allá de la perspectiva mecanicista y materialista del mundo y la naturaleza y de la visión que aportan las ciencias naturales y el estudio del medio, podríamos incluir en este perfil y en nuestros objetivos educativos conseguir un vínculo más cercano, natural y diferente de los alumnos con la naturaleza.

Se trataría de ir más allá de los necesarios conocimientos más académicos para cultivar y nutrir un vínculo más profundo con la naturaleza en toda la comunidad educativa: el profesorado, el alumnado, las familias y la ciudadanía. Un vínculo emocional e íntimo que fuera la base de una relación personal sana, equilibrada y armoniosa entre el planeta, con la Madre Tierra, y todos sus habitantes.

Y, si el reto es cultivar una relación y un vínculo diferentes con la naturaleza que nos acompañen hacia unos comportamientos diferentes como sociedad, deberemos hacerlo con formas diferentes a las que hemos utilizado hasta ahora. Tenemos varios caminos… Uno podría ser, sencillamente, como docentes y miembros de equipos directivos de instituciones educativas, pasar más ratos en la naturaleza para buscar un vínculo diferente con ella: desde un parque urbano a un bosque, una montaña, una playa o un prado. Y convertirlo en un hábito cotidiano en el que reservamos unos minutos para, simplemente, pasear por la naturaleza y observarla en silencio, con los sentidos del cuerpo y del corazón bien abiertos. Otra vía podría ser hacer entrar la naturaleza en la escuela y darle un lugar específico en el espacio y la vida del centro… Hay tantas oportunidades y posibilidades de hacerlo además del recreo y el huerto… Seguramente necesitamos replantear inercias, costumbres y miradas.

Son propuestas sencillas, pero que inician el camino de establecer un profundo vínculo con la Tierra integrado en el tipo de persona que queremos educar. ¿Hablamos?

Nuevas miradas y tendencias educativas de la pospandemia

Ya hace tiempo que vengo afirmando que habrá un antes y un después de la crisis de la COVID-19 en el ámbito educativo. Pero no nos confundamos, ya estamos en ese “después” y, por tanto, hablar de tendencias educativas de la pospandemia es hablar ya en presente, no en futuro.

El impacto que ha supuesto la pandemia ha provocado que las personas, las instituciones educativas y la sociedad en general hayan tenido que repensar su vida y, sobre todo, su mirada hacia el mundo.

Lo que sí es cierto es que, antes de la llegada de la COVID-19 a nuestras vidas, la educación ya estaba en crisis: ya estaba “obsoleta” en lo relativo a los elementos básicos del proceso de enseñar y aprender, porque la inercia de las propias instituciones no les permitía salir y abrirse a nuevas posibilidades.

Las vivencias y los aprendizajes (tecnológicos y de relación y vínculo) han hecho evolucionar a muchos equipos directivos e instituciones educativas, que han aprovechado la salida de la crisis pandémica para impulsar proyectos de transformación educativa.

Muchos de los cambios que se están introduciendo pasan por definir un perfil educativo de salida del alumnado basado en los rasgos y competencias que se desean alcanzar y, a partir de aquí, estructurar un nuevo modelo educativo. Este nuevo modelo educativo tendrá que poner al alumnado en el centro utilizando la tecnología disponible y deberá implementar en el aula y en el centro estos cambios para seguir avanzando.

tendecias educativas pospandemia hoy

¿Qué tendencias educativas de la pospandemia han venido para quedarse?

El informe Innovating Pedagogy 2022, que han publicado la Open University y la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), recoge las 10 tendencias pedagógicas pospandemia de las que más se oirá hablar.

Quiero pensar que, más que pedagogías (que es una palabra muy sonora), se quieren referir a experiencias o tendencias educativas que se han ido desarrollando en los últimos años y que, con la crisis de la COVID-19, han servido de fuente de inspiración para que numerosas instituciones educativas se atrevan a emprender acciones para conseguir innovación y cambio.

Algunas de ellas son tan necesarias como la pedagogía de la autonomía. Es fundamental que el alumnado tome las riendas de su aprendizaje, y se convierta así en el protagonista autónomo de su proyecto vital.

Teniendo en cuenta que los sistemas duales o híbridos han venido para quedarse, destacaría también la importancia de la educación para el bienestar. Las instituciones educativas tienen que poner a la persona, su desarrollo y crecimiento en el centro (ya sea la persona del alumno o la del docente) del proceso de enseñar y aprender, y generar atmósferas y entornos de inclusión y respeto.

Como cualquier tendencia, algunas de las que señala el informe, con el paso del tiempo, se diluirán o se integrarán en otras, como es el caso de la pedagogía del malestar, que se refiere a un proceso de autoexamen que sirve para que el alumnado se cuestione de una manera crítica sus sistemas de pensamiento como la opresión, el racismo o la injusticia social. Se denomina así porque es un proceso que puede provocar una amplia gama de emociones, incluida la del malestar. A pesar de lo efímero de su propuesta, nos puede hacer reflexionar; de aquí su utilidad.

cuatro claves de las tendencias educativas pospandemia

Cuatro claves para la educación en los próximos años

Además de las que menciona el informe, me gustaría ir más allá e introducir algunas tendencias educativas de la pospandemia que no están presentes en él y que considero que van a ser clave en los próximos años, como son:

  • El acompañamiento integral del alumnado a lo largo de todo su ciclo, pero englobando mucho más que las actuales tutorías, que ya se ha demostrado en numerosas ocasiones que ya han quedado superadas.
  • El trabajo cooperativo y en comunidad entre el alumnado y el equipo docente.
  • La incorporación de la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad, que nos hace ir más allá de la simple concatenación de asignaturas.
  • La experiencia que vive el alumnado como elemento fundamental del aprendizaje, lo que nos impulsa a diseñar, crear y dinamizar experiencias de aprendizaje y desarrollo que amplíen la “simple” vivencia de una asignatura dentro de una clase más o menos magistral.

Continuaremos observando las experiencias y tendencias de transformación y cambio de la salida de la pandemia. En pocas semanas, volveremos a escribir en torno a este importante tema. ¿Tienes alguna sugerencia o comentario al respecto? ¡Te esperamos en los comentarios!

¿Por qué y para qué educamos a los niños, las niñas y los jóvenes?

Estas dos preguntas son fundamentales y propias de muchas materias, debates y congresos. En cualquier caso, sin ser especialista en esta materia, según mi experiencia de liderazgo y acompañamiento en multitud de procesos de transformación y cambio, quiero compartir algunas reflexiones que creo que son interesantes sobre por qué y para qué educamos.

Desde mi punto de vista, debemos centrarnos en estas dos cuestiones y reflexionar sobre ellas antes de emprender cualquier tipo de innovación, transformación o cambio e implementarlos en las políticas de una institución educativa (pública o privada), porque la mirada y el énfasis de lo que haremos siempre vendrán enmarcados de acuerdo con la respuesta que demos a estas dos preguntas.

Viene a ser como preguntarse hacia qué cima quiero ir cuando voy a hacer montaña o qué dirección tomaré cuando salgo de puerto. Y, precisamente, creo que el problema de muchos cambios e innovaciones que se plantean es que no parten de esa reflexión, sino que proponen cambios sobre lo que ya existe sin cuestionarse a fondo muchas de las inercias del sistema. Pero vayamos paso a paso.

por qué educamos

¿Por qué educamos?

Educamos para que los niños, las niñas y los jóvenes lleguen a ser personas que puedan vivir plenamente sus vidas en el momento y el contexto que les toca vivir. Esto significa plantearse seriamente un enfoque integral de su proceso educativo, que vaya mucho más allá de la transmisión de conocimientos y que priorice el autoconocimiento, el aprendizaje de la relación con los demás, el entendimiento del mundo que les rodea y la interrogación sobre las grandes preguntas del sentido de la vida. Educamos, pues, en la vida y para la vida. Al fin y al cabo, estamos hablando de casi 20 años de proceso educativo y de la necesidad de seguir formándonos a lo largo de la vida.

A menudo, para aclarar las reflexiones, puede ser interesante decir para qué no educamos: no educamos (estrictamente hablando) para cubrir un puesto de trabajo, ni para integrarse en un sistema productivo, ni para modelar un sometimiento a la sociedad existente (aunque la mayor parte de sistemas educativos nacen para eso). Al contrario, creo que hay que educar a personas que se conozcan y que sepan gestionar sus emociones y relaciones; que sean curiosas, críticas y analíticas; que puedan encarar el pensamiento complejo e interdisciplinario, y que cuenten con la imaginación y la creatividad como partes de su saber hacer. En definitiva, personas que “piloten” su propia vida.

Por supuesto, esto no quiere decir que no se tengan que aprender muchas cosas: para ser una persona completa y poder vivir plenamente el tiempo que te toque vivir, hay que saber muchas cosas, y, sobre todo, hay que saber aprender a aprender. Esto, será imprescindible hacerlo constantemente (seguramente es lo más importante). Esta cuestión es muy interesante, y cada vez hay más evidencia científica sobre ello, hasta el punto de que ya es más importante la forma en que se aprende que lo que se aprende. Es decir, la forma en que se accede y se adquiere el conocimiento es clave en lo que podemos denominar la construcción de la persona (o, lo que es lo mismo, en su “mirada” hacia la vida o, como dicen los anglosajones, en la conformación del carácter de la persona).

Y, para educar para la vida, es necesario que las instituciones educativas (y, por supuesto, los gobiernos, cuando implementan las políticas públicas educativas) se planteen qué tipo de ciudadano queremos educar, o, lo que es lo mismo, qué perfil de salida del proceso educativo de su institución quieren obtener. Muchas leyes proclaman/lanzan grandes declaraciones al respecto en sus preámbulos; pero otra cosa es que, luego, todo se quede en agua de borrajas o que sea un simple brindis al sol.

por qué y para qué educamos

¿Para qué educamos?

He comentado, respondiendo a la primera pregunta, que queremos invitar a los niños, las niñas y los jóvenes a convertirse en la persona que quieran ser, en un clima y un entorno que les deben provocar y proponer los rasgos que he comentado antes (o los que decidan proponerse). Evidentemente, su decisión será libre, pero la neutralidad no existe, y, por tanto, educar es invitar manifestando nuestras sugerencias a la persona que nos proponemos educar.

Vivimos en un mundo profundamente injusto y agrietado con grandes problemas y retos (se puede consultar el planteamiento de los ODS de la ONU), y necesitamos personas que se comprometan a mejorarlo y transformarlo. Personas que no se aprovechen del mundo o de los demás para vivir mejor. Personas que apuesten por alguna causa, la que quieran, pero alguna.

Y he aquí mi respuesta a la segunda pregunta: educamos para que las personas se comprometan (donde quieran, en lo que quieran y con quien quieran) a mejorar y transformar el mundo. De esta forma completamos la primera respuesta y enmarcamos cualquier intervención, innovación o cambio que queramos implementar en educación en este contexto. Por eso debemos poner aún más en crisis las metodologías actuales e incorporar otras que hagan del proceso educativo de los niños, las niñas y los jóvenes una experiencia de crecimiento personal y aprendizaje diferente (por ejemplo, metodologías activas o aprendizaje y servicio, entre otros).

Y, claro, si trabajas a fondo la respuesta a estas dos preguntas, para mí, es evidente que es necesaria una transformación profunda y urgente del proceso educativo a todos los niveles. Esto es en lo que estamos trabajando con muchas instituciones en muchos países distintos.

¿Nos ponemos a ello?

Uruguay, capital de la transformación educativa en septiembre

Uruguay se convierte, por primera vez, del 27 al 29 de septiembre en el centro de estudio de la transformación educativa de América Latina y Reimagine Education formará parte de esta cita histórica.

Educar para la vida

En muchas partes del mundo acabamos de iniciar un nuevo curso o ciclo académico; vamos saltando años y avanzando en la década de los años veinte de este siglo XXI.

Entramos en el curso 22-23 sin mirar hacia atrás (nos vamos olvidando de la pandemia), un poco más desconcertados frente a la velocidad del cambio (¿Qué nuevas disrupciones vendrán?) y, por supuesto, arrastrando un cierto cansancio (todo se va encadenando, y afrontar la gestión de la crisis de la COVID-19 supuso mucho desgaste…).

Sin embargo, ahora más que nunca, por encima de estas sensaciones, por encima del ruido y las dificultades existentes, necesitamos un nuevo impulso a la transformación educativa.

Son muchas las iniciativas de instituciones educativas y gobiernos para impulsar transformaciones y cambios. Solamente para citar algunos ejemplos, los gobiernos de México, Uruguay y España están impulsando profundas y necesarias reformas curriculares y de enfoque en sus sistemas educativos, y centenares de escuelas y universidades afrontan con ilusión proyectos de modernización, digitalización, innovación o transformación de sus modelos, organizaciones y oferta educativa.

Y, por supuesto, aparecen dificultades; porque innovar y transformar la educación no es fácil. Aun así, aunque las iniciativas gubernamentales o de las instituciones a menudo no disponen de la necesaria metodología del proceso de cambio o de la imprescindible construcción de una coalición que apoye la transformación, se van abriendo camino y haciendo realidad muchas y muy interesantes innovaciones.

educar para la vida

¿Qué nos espera este nuevo curso?

Es el momento de plantear nuevos sueños y transformaciones para la educación en todo el mundo y a todos los niveles. Las personas, las instituciones y los países necesitamos proyectos de cambio sistémico a los que nos podamos sumar o que podamos definir y liderar, que nos ayuden a avanzar hacia nuevas formas de vivir y relacionarnos entre nosotros y con el mundo y la naturaleza. Y, en este punto, la transformación educativa es clave.

Más allá de las iniciativas de digitalización y de la creciente importancia de la tecnología como mediadora, más allá de la incorporación del enfoque por competencias en los currículums, más allá de la incipiente aparición de lo que se denomina metaverso, necesitamos educar personas para la vida.

¿Te sumas?

Nueva edición del curso ‘El perfil de salida del alumnado…’

El pasado mes de marzo, Reimagine Education, junto con la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Mondragón, celebró la primera edición del curso “El perfil de salida del alumnado como eje de la transformación educativa”.

A través de la modalidad virtual, que combinó sincronía y asincronía, docentes y líderes de instituciones educativas de diferentes etapas (de primaria, de secundaria e incluso de universidades) estuvieron reflexionando, durante poco más de un mes, sobre el perfil de salida del alumnado del siglo xxi y su papel en el proceso de cambio de las instituciones educativas.

La construcción, con la comunidad educativa, del perfil de salida del alumnado de un centro es una potente palanca y un motor de cambio. Describiendo el perfil de salida clarificamos y consensuamos cuál es la misión de nuestra institución educativa, con el alumnado en el centro del proceso de transformación. A partir de aquí, podremos iniciar un proceso para reimaginar nuestra institución de forma coherente en todas las etapas y propuestas educativas, con el sentido que el perfil de salida nos otorga.

¿Cuál es el planteamiento del curso ‘El perfil de salida del alumnado…’?

En la misma línea, en España, en el contexto del nuevo marco curricular de la LOMLOE (2020), se explicita la necesidad de establecer un perfil de salida competencial del alumnado al finalizar la educación básica para dar continuidad, coherencia y cohesión a la progresión de los y las estudiantes, y para garantizar su formación competencial.

Nuestra propuesta para trabajar el perfil de salida del alumnado va más allá del desarrollo competencial. Apuesta por un desarrollo integral de la persona en la esfera personal, emocional e intelectual, social y afectiva. Además, nuestra propuesta aborda el perfil de salida como una herramienta de transformación y cambio en todas las etapas educativas, ya sea FP, bachillerato o universidad.

Viendo el éxito de la experiencia de la primera edición del curso y la satisfacción de las personas participantes, iniciaremos una segunda edición en el mes de octubre. Si tienes ganas de reflexionar individual y colectivamente en torno al perfil de salida del alumnado, si tienes ganas de promover un proceso de transformación en tu centro mediante el perfil de salida como palanca de cambio o si ya estás inmerso en uno y quieres profundizar… ¡TE ESPERAMOS!

¿Cómo los espacios pueden mejorar las experiencias de aprendizaje?

En el artículo anterior, empezamos a reflexionar sobre qué son los espacios educativos y cómo debemos tenerlos en cuenta dentro de la transformación educativa de nuestro centro. Ahora que ya sabemos cuáles son los espacios educativos, descubriremos cómo pueden mejorar las experiencias de aprendizaje.

Ante todo, es necesario que los centros educativos aborden la toma de decisiones en torno a cómo deben ser sus espacios. Estas decisiones incluyen cualquier espacio que se convierta en educativo por sí mismo. Por ejemplo: las aulas, los pasillos, las bibliotecas e, incluso, las zonas de recreo.

Esta reflexión es clave para abordar temas que nos llevan a repensar los espacios desde la perspectiva del rol que otorgamos a los distintos agentes que intervienen. Por ejemplo, establecer a los docentes como guías y otorgar al alumnado un papel activo. O bien desde el papel que jugará el trabajo colaborativo, o un horario flexible que permita que varios grupos de alumnos desarrollen varias tareas.

¿Quién puede intervenir en la redefinición y el codiseño de los espacios?

Cuando hablamos de diseño en un espacio educativo, de hecho, nos referimos a un codiseño de toda la comunidad educativa, en el que el profesorado, el alumnado e incluso las familias o los agentes externos pueden participar en la propuesta de cocreación.

Desde Reimagine, lo que ofrecemos son una serie de dinámicas en las que el personal docente puede reflexionar sobre cuál es su propuesta de transformación y cuáles son los mejores espacios educativos para darle respuesta. Y, así, además, mejorar las experiencias de aprendizaje.

Por tanto, debemos observar nuestros espacios educativos desde el proceso de reflexión que hemos hecho. Y, sobre todo, debemos tener en cuenta el modelo de persona que queremos conseguir y las líneas educativas básicas (LEB).

¿Qué criterios deben tenerse en cuenta en el diseño de un espacio educativo?

Hay tres criterios básicos que debemos tener presentes cuando queremos diseñar cualquier un espacio educativo:

  • Criterios ambientales
    Que las aulas tengan luz natural.
    Utilizar colores que no sean llamativos.
    Utilizar materiales naturales (prescindir de plásticos y aumentar el uso de la madera).
  • Criterios tecnológicos: Definir qué tipos de tecnología disponga el aula y que infraestructura necesitamos.
  • Criterios pedagógicos: Cómo fomentaremos, por ejemplo, el trabajo autónomo, la cooperación o la comunicación.

Está claro que este proceso de codiseño de los espacios educativos es un elemento necesario en cualquier transformación educativa. Lo más conveniente es dar este paso cuando el equipo impulsor está diseñando una experiencia avanzada de cambio (EAC), el prototipo o cuando se incorporen iniciativas transversales en toda la escuela. Siempre, obviamente, haciendo partícipes a todos los agentes educativos.

Además, estas dinámicas ayudan a poner en marcha un proceso de participación de toda la comunidad educativa en la construcción de una futura institución. Al mismo tiempo, sirve como una herramienta de comunicación importante entre los agentes implicados en el cambio.

¿Cómo transformar los espacios de aprendizaje?

El mundo de la educación está viviendo con cierta efervescencia un cambio de paradigma educativo. La transformación de una institución educativa va más allá de las experiencias de aprendizaje que suceden en el aula, que es solo uno de todos los espacios de aprendizaje que engloba una escuela.

Cualquier transformación educativa pretende, por encima de todo, poner al alumnado en el centro de cualquier decisión. De esta forma, se conseguirá el desarrollo de las competencias que la juventud requiere para convertirse en la ciudadanía del mundo.

Muchos centros educativos se están replanteando cómo transformar su institución a nivel organizativo, cultural, pedagógico, etc. E, inevitablemente, tendrán que repensar cuáles y cómo serán los espacios de aprendizaje y convivencia que ofrecerán a su alumnado.

Pero, ¿de qué espacios de aprendizaje estamos hablando?

Cuando hablamos de espacios educativos debemos ampliar la mirada más allá del aula. Los espacios de aprendizaje de una institución educativa engloban, entre otros, las bibliotecas, los pasillos, los comedores y los recreos.

Estos espacios deben responder, sobre todo, a la mejora de las experiencias de aprendizaje que debe vivir el alumnado para desarrollar las competencias sociales, comunicativas, críticas y creativas que requiere el mundo en el que vivimos. Y, evidentemente, debe estar en consonancia con nuestro perfil de salida del alumnado, que representa una importante palanca de cambio.

Por tanto, un espacio educativo es cualquier lugar físico en el que el profesorado tiene una intención educativa y de aprendizaje hacia el alumnado. Por tanto, debemos estar abiertos a que cualquier espacio de la escuela puede convertirse, en cualquier momento, en un espacio educativo. Así, pues, la transformación educativa debe salir de las aulas y englobar todos los espacios de la institución.

 

¿Qué papel debe jugar el recreo como espacio educativo?

Es un espacio asociado habitualmente al juego, al recreo, pero durante décadas no se le ha dado importancia como lugar educativo.

El recreo es un espacio donde nuestro alumnado debe tener la oportunidad de aprender a relacionarse con sus compañeros y compañeras. Es por esto que debemos repensarlo para que cumpla su función correctamente.

Debemos evitar diseñar recreos grises, llenos de cemento y donde solo se contemple la función de jugar a deportes (fútbol, baloncesto, etc.). Pero, sobre todo, debemos evitar que su diseño implique una perspectiva de género.

¿Cómo transformar los espacios de aprendizaje?

Como apunta Siro López (2020), en la actualidad, las escuelas que hemos heredado, y que se diseñaron en la época industrial, no responden a las necesidades reales de las nuevas generaciones, ni a lo que pide la sociedad, ni tampoco nos proporcionan la respuesta a los nuevos desafíos de un mundo altamente cambiante. Entonces, ¿qué podemos hacer ante todo esto?

Desde Reimagine Education hemos empezado varios procesos de reflexión con varias instituciones educativas de todo el mundo. Llevamos cinco años trabajando con decenas de organizaciones para ayudarlas en su transformación integral mediante nuestra metodología de cambio, denominada RIEDUSIS.

Mediante la metodología RIEDUSIS, proponemos a las escuelas redefinir el modelo educativo para conseguir el perfil de salida del alumnado que todos queremos. Una herramienta fundamental de este nuevo modelo educativo son las LEB (líneas educativas básicas).

Las LEB se convierten en las líneas (o estrategias generales de enseñanza/aprendizaje) que orientan las acciones que tienen lugar en el aula y que, por tanto, nos ayudan a repensar qué debe pasar en las aulas de los centros educativos y, también, cómo deben ser.

¿Quieres profundizar aún más en el diseño para llevar a cabo una aproximación a cómo los espacios pueden mejorar las experiencias de aprendizaje

¿Cómo diseñar una nueva experiencia avanzada de cambio?

La semana pasada, una parte del equipo de Reimagine Education acompañamos a la escuela St. Charles de Angers durante tres días en la visita y reflexión sobre dos escuelas innovadoras de Barcelona: la Escola Sadako y la Escuela Virolai.

Tal como hablábamos en el artículo anterior, la ansiada vuelta a la presencialidad nos está dando oportunidades como esta. La importancia de salir de nuestra zona de confort y buscar nuevas miradas, nuevas formas de hacer las cosas.

La escuela St. Charles de Angers cuenta con una larga tradición educativa en su región, notables inquietudes innovadoras, un número de alumnado cercano al millar y más de cien educadores.

Esta acción se ha diseñado en el marco del proceso de transformación mediante la metodología RIEDUSIS, que iniciaron hace un año y medio, y con el desafío de la creación de un nuevo edificio destinado al alumnado de entre 11 y 15 años.

En el marco de la metodología RIEDUSIS, una vez reformulado el proceso de enseñanza y aprendizaje, y antes de diseñar, desarrollar y elaborar un prototipo, las visitas a diferentes centros son una oportunidad para diseñar una nueva experiencia avanzada de cambio, además de para inspirar y generar nuevas propuestas. Este es un momento clave, puesto que el trabajo de reflexión previo permite enfocar la mirada en la visita a las escuelas en los elementos que pueden dar a luz a una etapa concreta del proceso de transformación de la escuela.

Elementos necesarios para diseñar una nueva experiencia avanzada de cambio

Además, y para que la observación tenga sentido y se convierta en inspiración (que no en copia) para el diseño del prototipo en el contexto de la escuela, requiere no solo de la visita con una mirada enfocada, sino también de un proceso de reflexión para identificar, dar sentido y valorar su transferencia o no a la propia propuesta.

Es por ello que Reimagine Education ha organizado la visita a Barcelona del equipo directivo y docente de la escuela St. Charles, con dos días de observación en escuelas innovadoras y un tercer día única y exclusivamente para dar sentido a la experiencia vivida compartiendo y generando un espacio de reflexión y cocreación.

La experiencia ha sido tan satisfactoria que estamos convencidos que esta oportunidad es una excelente fuente de aprendizaje para los equipos docentes, y que será motor para el proceso de diseño, desarrollo y creación del nuevo prototipo de transformación de la escuela.